Marta
Hola, soy Marta.
¡Bienvenida a mi blog!
Si tuviera que decirte algo sobre mi de manera muy breve, te diría que soy una mujer altamente sensible que ama profundamente la vida y la capacidad creadora del ser humano.
Pero si estás en esta página es para saber algo más…
Y quién sabe si para inspirarte, compartir una conversación, un proceso individual o una colaboración.
Así que voy a contarte, muy brevemente, cómo llegué hasta aquí.

La Búsqueda
Si hay una palabra que describe mi camino, ha sido La Búsqueda.
Sí… Me he pasado la mayor parte de mi vida buscando algo a lo que no le ponía nombre, pero que me empujaba desde mi corazón.
Al principio lo interpretaba como «libertad».
Estudié turismo.
En esa etapa ya intuía que existían otras formas de vivir, de relacionarnos y de habitar el mundo. Y todo comenzó buscando a través de los viajes.
Más adelante llegó el bienestar.
Me apasionaba todo aquello que nos ayuda a sentirnos mejor por dentro y por fuera. Durante más de 10 años trabajé para laboratorios de cosmética, abrí un centro médico estético y creé mi propia red de distribución de alta cosmética.
Después apareció la conciencia.
Descubrí el mundo del crecimiento personal y la espiritualidad. Me certifiqué como coach, estudié biodescodificación, meditación y sanación cuántica. Creé procesos, retiros en lugares increíbles y acompañé a cientos de mujeres en sus procesos de auto conocimiento, transformación y creación de proyectos.
Durante más de veinte años exploré diferentes caminos intentando comprender algo que no sabía identificar.
Hoy sé que, en realidad, no estaba buscando respuestas.
Estaba buscando posibilidades.
Aunque entonces, todavía no podía verlo.
Y eso me generó durante mucho tiempo una sensación constante de no llegar nunca a ningún sitio, especialmente cuando veía a otras personas con caminos mucho más claros que el mío.
La vida me regaló personas, viajes y experiencias increíbles.
Pero también me regaló procesos realmente difíciles.
Y fue precisamente atravesando una gran ruptura personal, el punto en el que todo cambió.
Dejé de buscar y comencé a escucharme y habitarme de verdad.
Fue el puro agotamiento el que me obligó a parar.
Por primera vez entendí, abracé y respeté mi sensibilidad, mi intensidad y mi vulnerabilidad.
Y eso transformó por completo mi forma de verme.
Dejé de verme débil, incompleta y fragmentada. Ya no tenía nada que solucionar, sanar o desbloquear.
Mi sensibilidad ya no era una debilidad: era un don, mi brújula.
No tenía que convertirme en nadie más, en ninguna versión mejor de mí misma.
Ya era yo. Completa.
Lo que realmente no encajaba
Ahí comprendí algo que cambió mi vida.
Lo único que no encajaba eran las estructuras que estaba sosteniendo.
No encajaban conmigo, no respetaban mi verdad, mis necesidades, mis estándares, mis deseos del alma.
No contenían mi visión. No podían sostener a la mujer en la que me había convertido.
Y ahí, por fin, pude poner palabras a toda mi búsqueda.
Toda mi vida había estado intentando aceptarme, reconocerme, cuidarme, ser yo misma, y crear una vida coherente con mi verdad.
Una vida más amable.
Una vida más consciente.
Más alineada con mis necesidades y cualidades humanas y espirituales.
Ese fue el momento en el que comprendí que ya no había nada más que buscar.
La visión
Hoy ya no vivo persiguiendo objetivos para convertirme en alguien diferente o conseguir una vida o un negocio ideal.
Vivo intentando ser fiel a una visión.
Una visión que nació al comprender que cada ser humano tiene una forma única de mirar, crear y contribuir al mundo.
Y que un mundo más amable de habitar solo puede construirse cuando nos atrevemos a expresar aquello que hemos venido a aportar de manera natural y desde el corazón.
Hoy escribo, comparto y acompaño desde este lugar.
- Me interesa la conciencia.
- El bienestar.
- La creación.
- La belleza .
- El arte.
- La coherencia.
- Las nuevas estructuras.
Y todas aquellas conversaciones que abren posibilidades y nos ayudan a construir vidas, negocios y organizaciones capaces de sostener esta visión.
Porque después de muchos años buscando fuera, comprendí algo muy simple:
No necesitaba abandonarme, adaptarme o apagarme para encontrar mi lugar. Necesitaba construir una vida donde pudiera expresar plenamente quién ya era.
Y desde ahí, entonces si, todo empezó a tener sentido. Surgió por fin la libertad, pero sobre todo: recuperé mi paz.
Con amor, Marta 🌿🤍🧬🌸

